martes, 1 de abril de 2014

Madres abnegadas

 José Luis Román

Una breve exposición de don Antonio Ortiz Ordoñez en “La Ratonera”
sobre quiénes eran los héroes de nuestro tiempo,
hizo que me viniese a la mente el indignante y lamentable espectáculo del
programa de televisión dirigido por Concha Velasco allá por 2002, en el que
presentaba como madres abnegadas, trabajadoras e inasequibles al
desaliento, nada más y nada menos que a Belén Esteban, Ivonne Reyes y
Maribel Sanz. Confieso que nunca había visto ese programa ni sabía de qué
trataba; únicamente en los anuncios de “La2” –cadena que sí suelo ver a
menudo-, publicitaban lo que se iba a tratar en “Tiempo al Tiempo”, espacio de
la primera cadena de la televisión pública presentado por la citada señora. El
tema anunciado lo encontré interesante: “Madres abnegadas”, pero no decían a
priori quienes iban a ser las protagonistas del mismo. El título como ven y
desde un punto de vista social era sugerente, pues a decir verdad, es algo de
lo que me gusta leer y recabar toda la información posible. Hoy, sólo recordarlo
me produce urticaria. Ahí están las hemerotecas por si alguien quiere
comprobarlo. Creo que fue el último programa del penoso espacio imitación de
“Tómbola”, en ese canal televisivo.
Decía entre otras muchas cosas el especialista en medicina celular Antonio Ortiz refiriéndose a los héroes
de nuestros días, qué éstos, eran también esas madres que con un puchero de
cocido tenían que dar de comer durante tres y cuatro días a su familia debido a
la precariedad por falta de empleo y a la situación tan preocupante en miles de
hogares españoles. Pues bien, cuando estaba viendo y escuchando
atentamente a este honesto concejal independiente de Arcos de la Frontera
precursor de SOLUCIONA, y recordando al mismo tiempo lo de aquel
programa basura al que he hecho referencia, capté, como creo que lo haría
cualquier español sensato y sensibilizado con la situación actual, que las
palabras de don Antonio Ortiz eran palabras sinceras pronunciadas con
profunda preocupación ante lo que acontece. Era un mensaje para que llegase
a todos los hogares y al alma de los españoles que todavía conservamos unos
principios y unos valores morales, con la sana intención de hacernos despertar
del letargo y proponernos algo encomiable: Poner manos a la obra al objeto de
buscar soluciones para sacar a España de este pozo de cieno donde nunca
debió caer. Gracias doctor Ortiz por recordar a esas madres coraje repartidas
por toda nuestra geografía, y gracias también por llamar a la acción para
acabar con este drama social.
No es hora de entrar al trapo con la descalificación y el insulto como
pretende el adversario; es tiempo de buscar soluciones y no deprimirse,
porque, ¿acaso no es urgente buscar soluciones sabiendo el futuro que nos
espera a la gran mayoría de los ciudadanos con la precariedad laboral, los
contratos basura, y los salarios de miseria que esta castuza nos está
imponiendo? ¿Acaso no es urgente, urgencia de verdad, buscar soluciones
para parar esta piqueta demoledora y destructora de la clase media española?
Porque, ya no se trata de encontrar un empleo y considerarse salvado, es que
en España, tal y como se está preparando el futuro, encontrar un puesto de
trabajo no garantiza salir de la pobreza, sólo es un acceso temporal a la
percepción de unos euros para poder sobrevivir ¡Cuánto daño habéis hecho y
estáis haciendo castuza! La ingeniería social y el adoctrinamiento llevado a
cabo con ayuda de los medios del sistema, os pone a todos en el punto de mira
como responsables cuando todo este daño causado tenga que ser juzgado por
el Tribunal de España.
¿Que saben estos colocados a dedo en la “telemierda”, sobre madres
abnegadas o padres desesperados si su única misión es buscar “carnaza” en
una sociedad enferma para llenar sus espacios televisivos, captando audiencia
entre lo más limitado e inculto de la masa? Y encima, se publicitan como
defensores de los “excluidos sociales” desde un plató de televisión, pero nada
de colaborar de manera desinteresada y altruista en un asilo, hospicio o
cottolengo, sino más bien llenando la andorga con suculentas mariscadas,
buenos vinos, y fiestas a puerta cerrada donde todo vale. Estos personajes
seleccionados por todo menos por su nivel cultural, y que saben tanto de
“crónicas marcianas”, “tómbolas” o de “ensanchar el círculo de sus amistades”,
han convertido la televisión en la “capilla sixtina” del escarnio y la burla más
cruel y humillante, y lo hacen, porque les llueve dinero proveniente de primeras
firmas que los patrocinan sin taparse la nariz.
¿Qué saben éstos que dirigen a los “grandes hermanos” del lupanar, lo 
que es un comedor social; o buscar un empleo y no encontrarlo; o trabajar de 
sol a sol sin apenas descanso; o pasar frío, calor y a veces hasta hambre; o ser 
desahuciado de su hogar por impago; o no poder llevar el sustento a casa para 
cubrir simplemente las necesidades básicas de una familia? ¿Que saben estos 
tipejos hipócritas lo que es una madre desmoralizada o un padre consumido 
por el sufrimiento y la impotencia ante su drama familiar? 
Madres abnegadas eran aquellas pobres mujeres que enviudaban con los 
hijos todavía pequeños en un pueblo de la España rural y profunda, y con todo 
el dolor de su alma tenían que internar a los pequeños en centros de protección 
de menores de la ciudad y lejos de sus hogares, después de mover cielo y 
Tierra y un sinfín de súplicas. Se ofrecían para servir en dicho centro con el fin 
de no separarse de sus retoños. Trabajaban en todo tipo de tareas; limpiaban, 
cargaban y descargaban, fregaban suelos, lavaban sábanas y cosían ropa 
hasta caer exhaustas en el catre de sus celdas. Al día siguiente más de lo 
mismo. A las cinco de la mañana sonaba la campana para comenzar sin un 
minuto de demora la más que difícil pesada tarea. Sus ingresos no provenían 
de encamarse con ningún “señor generoso”, ni de “acompañamientos 
puntuales”, ni de exclusivas en revistas del corazón vendiendo su alma. 
Aprovechaban el poco tiempo libre disponible y si sus hijos no tenían clase, 
para estar con ellos y escuchar sus experiencias; ahí hallaban su mayor 
felicidad, descanso y sosiego. Trabajaban como mulas sin invocar ningún 
derecho, pero les daba igual; solo tenían un punto de referencia, un único 
objetivo: el futuro de los niños, permanecer a su lado, paliar en la medida de lo 
posible la falta del padre, poner a su alcance un trozo de pan, la cultura, y 
evitar que se desviasen por el camino de la delincuencia. Madres abnegadas, 
con coraje, con la fuerza moral integra y hechas de una pasta muy especial. 
Mujeres que después de los años, con las sienes plateadas, claros síntomas de 
agotamiento y muchas veces de enfermedad, seguían luchando hasta el último 
aliento de sus vidas con la satisfacción del deber cumplido, el sagrado deber de 
una madre. Hoy, casi nadie resalta estas hazañas, esta dedicación y entrega, 
es más, ese comportamiento natural de una madre para con su prole está mal 
visto por los nuevos ricos o progresía pudiente. 
Madres a las que se refiere el doctor Ortiz, son esas que hoy, en muchos 
hogares españoles con el esposo enfermo y con hijos en edad escolar, salen 
de buena mañana a buscar un domicilio particular que limpiar, o cuidar 
enfermos y ancianos; en definitiva, sacar unos euros para pagar la 
mensualidad de la hipoteca y poder cocer unas patatas. Madres abnegadas 
que tienen que intentar ser positivas a pesar de la situación, y transmitir ese 
estado de ánimo a su marido desempleado de larga duración, que con un 
subsidio de 400 euros no ve la manera de sacar el hogar adelante, que no halla 
un empleo por cometer el “delito” de contar con 45 años de edad teniendo que 
acudir cada día con la fiambrera a un comedor social sin que sus hijos se 
enteren de la situación calamitosa que atraviesan. 
Madres abnegadas y con coraje de entonces, y madres heroínas de 
nuestro tiempo. Madres de la España de la alpargata y el despegue económico, 
y madres de este país del siglo XXI lacayo de Bruselas, de los comedores 
sociales y, por desgracia, de los contenedores de basura. 

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